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REPORTAJE
"NUDA"
Galería Atenea

“Los cuerpos y rostros que Odette Farell pinta están inmersos en una especie de atmósfera en la cual toda referencia es ausente y de ahí que no encontremos ningún indicio espacial ni temporal.  Son NO-lugares donde para orientarse es inútil si no imposible utilizar coordenadas.  Las dimensiones en las cuales Farrell se mueve son similares a las precedentes al Bing-Bang, en donde tiempo y espacio ya existían, pero eran latentes y aún inexpresivos.

De ahí que los cuadros de Farrell no testifiquen algún tipo de búsqueda de orden en el caos de la existencia, ellos testifican más bien su indagar en los orígenes mismos de la existencia, como demuestra la ausencia total de simbolos.

La renuncia de Farrell  a las connotaciones espaciales-temporales no es una selección puramente estética, al menos no en el significado menor de este término, sino que es la consecuencia de su visión del mundo actual y de su toma de distancia respecto al relativismo cómodo de nuestros tiempos que abatiendo algunas barreras y aboliendo algunos límites ha alzado muchos otros no menos fáciles de atravesar.
Las certezas de la expansión del mercado y la convicción que cada uno habría podido disfrutar de las riquezas producidas de esa expansión han mostrado  la precariedad y la insostenibilidad de esta carrera. En este mundo que busca ser persuasivo y optimista, la muerte, el dolor y la soledad están activos como nunca más.

He aquí entonces que Farrell decide salir del curso de los eventos, se pone al margen y se agarra a la única balsa de salvación que le parece confiable: el arte. Esta acción no representa una huida de estampa romántica, es al contrario una inmersión total en el magma que en este preciso momento histórico se está fermentando bajo la corteza y está saliendo afuera por partes.

Uno de los colores más reconocibles y mayormente utilizados por la Farrell es aquel del erotismo, un erotismo puro, no contaminado.
Es en el erotismo donde Farrell ve la fuerza (entre aquellas de naturaleza material) capaz de no solo asegurar la continuidad de la vida sino hasta su plenitud.
Los rostros que la artista pinta muy a menudo portan signos de dolor y de angustia y en raras ocasiones parecen encontrar la calma, de la misma manera los cuerpos frecuentemente aparecen contracturados.  Esto demuestra que no es suficiente abstraerse en una dimensión fuera del tiempo para poder encontrar paz: nuestros dolores, nuestros miedos, nuestras pesadillas nos seguirán aún ahí.
Lo que es necesario hacer es remontarse a esa dimensión primigenia.
El hombre lógico, razonable y tecnológico de nuestros tiempos ha comprendido los límites de su propia lógica, de su propia racionalidady de su propia capacidad de dominar el mundo. Debe  volver a fundirse en su relación con la vida; esto es lo que Odette Farrell intenta decir con sus colores. 

Roberto Malfatti (Critico de arte italiano)