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PACO PERALTA FABI

Del papel al bronce.
De sueño  al volumen

Por Ana I. Mateos

El escultor Francisco Peralta nos recibió en su paraíso particular, en una de las zonas residenciales más virgen de la ciudad. Con su vista panorámica y su jardín exuberante, es fácil imaginar porqué dedica los días de su vida a la creación de arte. Desde este rincón privilegiado, él y su familia han instaurado la forma de vivir en la que crecen a la par naturaleza y vida armónica.

La escultura, en su longeva historia, es una de las expresiones de arte que quizás más rigor ejerce sobre sus practicantes, ya que para llegar a término es necesario haber cumplido con muchas fases. Y en cada una de ellas, la imagen se depura o se ultraja y hay que afanarse con determinación. El artista ha de arrancar a la materia una vida.

Francisco Peralta primero descubrió en el dibujo una pasión que trastocó su visión de la vida. Este hallazgo no fue en la infancia, sino en la etapa en la que ya había emprendido muchos proyectos.

Aún así, tuvo la sensibilidad de vivir la experiencia como si fuese un niño, con asombro y confianza, con travesura y determinación. De pronto, el mundo ejerció una fascinación insólita. Veía líneas y diseños por todos lados, en los edificios, en los coches, en los gestos, en las pequeñeces, en lo simple. En las sombras. Una mirada en la que los volúmenes y las texturas, todo inauguraba. Pero este, sólo fue el inicio del viaje, pues el regocijo quiso más y fue cuando tocó la materia para enamorarse totalmente.

Del barro al vidrio, de las placas de acero al bronce todo ha sido un proceso en perpetua marcha, en desafiante revelación.

Sus piezas se yerguen con una línea estilizada, que en el espacio circundante parecen seres inmortalizando un segundo de recogimiento o de abandono. Féminas que visten distintas pátinas, distintos tiempos, pero que nos atrapan con su sensualidad y su pudor. La sensación de que hay movimiento es tan nítida que hay que recorre cada pieza desde todos sus ángulos para completar la danza.

La obra de Francisco posee tiempo. Un tiempo añejado con dulzura y firmeza. Esta cualidad le otorga el requisito indispensable para seguir permaneciendo con una estética veraz.

 
 
 
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